
La relación sexual, en términos funcionales, es un ejercicio que realizan el hombre y la mujer, y que va a traer como consecuencia los mismos cambios en la dinámica circulatoria y del corazón; es decir una aumento de la fuerza de contracción de la bomba cardiaca y del número de veces de latidos. En otras palabras, va a ocurrir un gasto de energía que lo podríamos comparar a subir dor o tres pisos.
Los fenómenos antes descritos ocurren tanto en personas sin afecciones cardiacas como en aquellos que presentan enfermedades del corazón,hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca,isquémicos, por ejemplo portadores de angina de pecho, post-infartados del corazón etc.
En lo concerniente a la relación específica entre sexo y enfermedad cardiovascular no se debe ser extremista. Por un lado, no debemos inhibirnos de tener relaciones sexuales solamente por el hecho de ser cardiópatas ( portadores de alguna enfermedad cardiaca), así como tampoco debemos continuar con nuestra actividad sexual sin un monitoreo especializado.
Lo más indicado es tener una evaluación cardiaca por el cardiólogo (medicación usada, electrocardiograma, ecocardiograma y , especialmente, prueba de esfuerzo) para determinar exactamente el estado de nuestra salud cardiaca y nuestra capacidad funcional para poder desarrollar en forma ponderada y confiable la actividad sexual.